LA PLAYA / MÚSICOS URBANOS DE BOGOTÁ

Localizada en el costado oriental de la Avenida Caracas entre las calles 54 y 55 de la localidad de Chapinero;se encuentra la zona de mayor concentración de músicos urbanos e informales que tiene Bogotá. Desde hace aproximadamente cincuenta años el sector de La Playa ha sido el punto de encuentro de más de 500 músicos provenientes de todo Colombia y otros lugares del mundo.

Entre la década de los 60 y 70 nació el restaurante México Lindo, el primer establecimiento del lugar relacionado con la cultura tradicional mexicana y que por supuesto tenía un grupo de mariachis. Inicialmente los músicos tenían oficios diferentes; eran obreros, carpinteros o zapateros que a pesar de no dominar muy bien los instrumentos y el canto, lograron obtener reconocimiento con el paso del tiempo. Debido a su calidad musical, el restaurante decidió traer verdaderos profesionales desde México y los otros empleados fueron despedidos, pero en vista de que ellos ya habían hecho de la música su principal fuente de ingreso, decidieron instalarse en el sector y crear sus propios grupos musicales conformados por familiares, amigos y conocidos. Desde entonces el profesionalismo de los músicos de La Playa, se dividió en dos y el negocio comenzó a ser cada vez más competido.

Actualmente la mayoría de músicos son empíricos; algunos llevan muchos años en el negocio familiar y otros pocos han estudiado la música como carrera. “Cualquiera aprende los temas, pero realmente son escasos los que saben cantarlos; incluso algunos comienzan con una canción y terminan cantando otra”, afirma Gabriel Acosta, uno de los músicos mas veteranos del lugar y quien se sabe más de 1500 canciones. También aparecen espontáneamente figuras juveniles que imitan a la perfección la voz de Pedro Infante o del mismo Vicente Fernández, pero debido al éxito, el reconocimiento y la falta de experiencia, caen en el alcoholismo, las drogas y el juego. En el tiempo libre algunos aprovechan para componer canciones y cantar a capella (sin acompañamiento instrumental) en las cafeterías del sector, mientras otros ensayan al interior de las residencias en donde tienen los trajes, los instrumentos y todos los implementos para trabajar.

Los conjuntos de música vallenata, llanera, norteña, romántica, tropical, entras otra; son algunos de los más conocidos en la zona, sin embargo la ranchera y sus mariachis siguen siendo los más populares para festejar cumpleaños, despedidas, fiestas de quince y hasta funerales. Incluso grandes narcotraficantes del país contrataron en su época de furor a muchos de los viejos músicos que aún hoy siguen tocando en La Playa y tienen el aliento para decir que conocieron Gonzalo Rodríguez Gacha, o fueron en repetidas ocasiones a dar serenatas a los caciques (expendedor de drogas) de El Cartucho.

Cuando empezó el negocio en la zona se hacía en un buen día de trabajo, cerca de 15 o 20 serenatas con conjuntos de 10 a 14 músicos, pero ahora la cantidad de trabajo como de músicos en cada grupo se redujo considerablemente. En un grupo de mariachi; una sola voz, un guitarrón, dos trompetas, un violín y una vihuela son suficientes para dar una serenata decente; aunque a veces, el de la voz también toca la vihuela y hace de camarógrafo o fotógrafo, pues con el paso del tiempo el negocio se ha puesto más exigente. Ya no solo se canta; sino que además se entregan algunas fotografías impresas o un DVD con un video de toda la serenata, un tarjetón con las canciones, una botella de champaña, chocolates afrodisiacos, obsequios típicos mexicanos y un arreglo floral que venden en establecimientos y floristerías dentro de la misma zona de La Playa. Vestido de charro, con sus botas, su traje de mariachi y su sombrero; el músico consigue clientes informales entregando tarjetas de presentación a transeúntes. Otros ya tienen clientes o empresas con las que constantemente trabajan, pero en la misma zona se pelea y discute por regalar las serenatas a precios muy bajos. Las tarifas oscilan entre los $100.000, $350.000 o $500.000 pesos; dependiendo del tipo de cliente o de la cantidad de horas acordadas. Entre semana hay pocos gallos (trabajos), pero desde el viernes hasta el domingo los músicos salen en camionetas antiguas (tipo van) propias o contratadas, por toda la ciudad a dar serenatas. Los vehículos a veces hasta con GPS, transportan por todo Bogotá no solo los músicos con sus instrumentos, sino que también se convierten en un “espacio” de distensión y regocijo; para repartirse el dinero, recordar anécdotas o incluso hasta para dormir cuando las jornadas de trabajo van hasta la madrugada. Después de varios trabajos, La Playa recibe nuevamente a los músicos. Unos acabaron y otros continúan. 

Lo que hicieron en la noche lo guardan para el mañana; pues a pesar de que el gobierno no reconoce su trabajo como algo formal, estos músicos urbanos siguen adelante trabajando como muchos otros, aprovechando la música y la melodía para hacer vibrar los corazones, para amenizar momentos y para dar algo de armonía a la vida de los que podemos tener el gusto de oírlos canta.

Autor: Emilio Apararicio Rodríguez