Entre el vacío y lo inhabitado, hay una colina de diferencia.

Estaba equivocado. Cuando inicié esta serie sobre la vida cotidiana en un sector de Bogotá, imaginaba de manera prejuiciosa que en las fotos tenía que haber gente, no sabía cómo, no sabía de qué, pero así imaginaba que lo haría. Sin embargo, mientras desarrollaba este trabajo, fui cambiando aquel paradigma; fui entendiendo de manera cada vez más clara eso que dicen muchos: el fotógrafo debe reaccionar a su entorno y al compás de lo que esté fotografiando. He vivido 5 años en el sector conocido como Colina Campestre, específicamente en la zona en la que se encuentran erigidos varios conjuntos residenciales denominados “Colinas de Cantabria”. 

En todo este tiempo no sé quienes son mis vecinos y ellos tampoco saben quiénes somos los demás. Cuando me enteré de la presente convocatoria, tuve algunas ideas, todas ellas en sectores ajenos a mi barrio, sin embargo, me detuve a pensar sobre el porqué no me llamaba tanto la atención trabajar en la zona que me ha hospedado desde hace un buen tiempo, no tardé mucho en tener una respuesta; en estas calles no se ve gente, le falta color, movimiento, no es muy “fotogénica”, pensaba. Ahora bien, ¿por esto debería desechar mi entorno? No, claramente sería injusto. A partir de esto, me dediqué a observar estas calles, los peatones que a veces caminan por ellas, los carros, sus casas y fui descubriendo la esencia de este lugar, poco a poco entendí la dinámica cotidiana de este barrio y su gente. 

En otros sectores de la ciudad, la gente es quien impregna de energía el espacio, por ejemplo el centro bogotano, (en el que realmente es un milagro si uno observa el espacio físico en el que está), todo lo que se ven son letreros, promociones, almacenes y caras, muchas caras, de todo tipo, gente. En mi barrio pasa todo lo contrario, los espacios son los que dominan y caracterizan el lugar, la energía está condensada en los edificios, en las casas, en las señales de tránsito, en los parques vacíos; la presencia humana se manifiesta a través de algunos grafitis o de canecas de basura en medio de la vegetación. Esto no significa que sea un sector muerto, lo que pasa es que las relaciones del ser humano con su entorno son diferentes, en este caso son un poco más sutiles. 

Pero, siendo ésta una zona con gran infraestructura en entretenimiento deportivo y recreativo, teniendo una gran cantidad de verde en sus calles ¿por qué los espacios se mantienen vacíos?, ¿es una zona muy nueva como para tener "identidad”? Es complicado resolver estas preguntas sin meterse en el aspecto sociológico, sin embargo, tiendo a pensar que la identidad de este sector la construyen personas que ante todo quieren privacidad. 

En conclusión, no podría mentir sobre lo que es mi barrio, no podría presentarlo como un sector lleno de movimiento y ruido, no es verdad, es un barrio más bien silencioso y joven en el que hay una cantidad de proyectos de vivienda en construcción, es un barrio en el que la gente no se ve. Por ende, mi solución visual para mostrar cómo se vive en este lugar, fue retratar el latir pausado que lo mantiente vivo por medio del espacio que lo construye, la amplitud, la tranquilidad y también, la soledad de sus calles. Esta es una serie que busca retratar la presencia humana a través de los espacios que habita, es una muestra visual en la que se busca hacer evidente el deseo de privacidad que tiene la gente que habita este sector, un lugar donde el concepto de “vecino” es difuso, pero no por eso, un lugar menos bogotano. 

Lugar: Colina Campestre, Localidad de Suba. 2014 

Autor: Julián Mejía Villa